Propaganda
Hay gente brillante y muy bien informada que dice que "el comunismo es una maldición para la sociedad", "el socialismo nos va a causar muchos problemas" y de inmediato señalan a Cuba o Venezuela para respaldar su dicho. No se dan cuenta de que los principios del comunismo o socialismo no son los que se aplican en esos países. Ni siquiera consideran el peso que las sanciones del Imperio tiene en sus actuales circunstancias. No importa porque eso es lo que dice la propaganda y, ante la propaganda, las mentes más brillantes pierden el lustre.
Hay gente brillante y muy bien informada que dice que "la carne no debe comerse". Las razones pueden ir desde el cuidado del ambiente, porque "los pedos, tú sabes", hasta la crueldad porque "¿cómo vamos a matar a esos animales para comerlos?". No se dan cuenta de que el agricultor que cultiva aguacates tiene que matar a las tuzas que proliferan en el huerto so pena de perder su cosecha o el montón de animalitos que los productos químicos que ayudan a las cosechas matan. Matan también a los animales humanos que tienen que levantar las cosechas. No importa porque eso es lo que dice la propaganda y, ante la propaganda, las mentes más brillantes pierden el lustre.
Hay gente brillante y muy bien informada que dice "tienes que ponerte el cubrebocas siempre que estés con alguien más". No se dan cuenta de que no sirven para proteger a nadie, de otra manera no habría ocurrido una tragedia, y menos que hacen daño, porque la gente no cae asfixiada al instante. No importa porque eso es lo que dice la propaganda y, ante la propaganda, las mentes más brillantes pierden el lustre.
¿Qué se hace contra la propaganda?
La verdad es que no se puede hacer nada. O, no de manera individual sin sufrir el destierro. Aquel que señala la propaganda y fuentes alternativas de información tendría que pelear contra una maquinaria más poderosa que el individuo. Los Estados modernos dependen de la propaganda para su existencia. Las grandes religiones del mundo dependen de la propaganda para su existencia. (Como nos dijo Nietzche en su "Más allá del bien y del mal": Quizá no exista ni en el cristianismo ni en el budismo cosa más digna de respeto que su arte de enseñar aun a los más bajos a integrarse por piedad en un aparente orden superior de las cosas y, con ello, a seguir estando contentos con el orden real, dentro del cual llevan ellos una vida bastante dura).
No nos gusta saber que consumimos propaganda. Así, cuando alguien nos acerca información que cuestiona nuestra propaganda, lo primero que nos sucede es, tal como el modelo del duelo de Elisabeth Kübler: la negación. Y uno puede pasarse toda la vida en esa etapa. Porque, ¿a poco no, el que nada sabe nada teme?

